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06.07.2018 | 19:00

Cómo restituir la confianza

Es difícil compartir el optimismo del premier Nikol Pashinyan, en el sentido que, en virtud del esclarecimiento del exabrupto del director ejecutivo del Hayastan Himnadram –Fondo Armenia-, la Diáspora armenia aumentará su confianza hacia esa institución benéfica. Desafortunadamente, nunca el restablecimiento de la confianza perdida, ni el reemplazo de la desconfianza por la confianza serán tan rápidos como directos. Incluso en las relaciones interpersonales, donde el perdón es un elemento importante, la previa desconfianza deja su rastro. Por lo tanto, la renuncia del director ejecutivo no elimina el problema de la falta de confianza, que no sólo es ni está tan relacionado al carácter moral de una persona, como lo está la percepción pública. Y estas percepciones, el caso específico del Hayasdan Himnadram, si no son dudosas, cuanto menos las manifestaciones de supuesta indecencia han existido siempre, y no sólo en el imaginario de la Diáspora. En última instancia, en un generalizado ámbito viciado, cuyas revelaciones son exhibidas al público en general, por nuestras correspondientes estructuras, a un ritmo diario con sádico placer, no pueden ser un oasis, una extensión, una fracción o un lugar de honestidad ideal.

Sin embargo, más allá de las percepciones públicas, la estructura interna de nuestra más globalizadora institución armenia, el Hayastan Himnadram, el estado de la disciplina institucional, el nivel de decencia profesional, la transparencia, la falta de apertura a críticas y debates durante las reuniones del Consejo de Directores, y la falta de celeridad, fueron incompletos e imperfectos desde el primer día de su creación en septiembre de 1992, en tiempos en que el primer presidente de Armenia estaba implementando la maravillosa idea de crear el Himnadram. Durante la reunión fundacional de los consejeros, él propuso a  su grupo, nombrar presidente del Himnadram a la confiable Manushak Petrosyan. Y sólo después de una breve consulta durante el receso, cuando los benefactores más influyentes, Louise Manoogian-Simon, Arshavir Geondjian y Hirair Hovnanian rechazaron esta decisión, consintieron en que la Sra. Manushak fuese nombrada directora ejecutiva, es decir, una funcionaria subordinada que rindiera cuentas al consejo de directores. Sin embargo, esa subordinación y esa lealtad siempre permanecieron a disposición del primer y de los subsecuentes presidentes de Armenia; y los directores, -incluidos los Catolicoses y los benefactores- figuraron en condición de ratificadores.  

 En otras palabras, los sucesivos directores del Fondo siempre se han mantenido subordinados a los subsiguientes gobernantes nacionales y sus equipos, mientras que los armenios de la Diáspora, lo hicieron en condición de recaudadores de sumas de dinero, en el rol de la necesaria decoración ceremonial. Y así comenzaron la devastación y las estafas.

Tomando en consideración el carácter ineficaz de la dirigencia del Himnadram, es decir, del consejo de directores, y en particular, su decreciente efectividad (el Fondo ha recaudado cerca de US$ 245 millones durante sus 16 años de existencia), ya desde 2015, he propuesto varias veces desestatizar el manejo de la fundación, reservando al Poder Ejecutivo de Armenia únicamente el deber de proponer proyectos y de presentar presupuestos e informes contables. Reiteremos esa manifiesta verdad, que dice que los gobiernos son malos administradores económicos; particularmente en nuestro caso siempre ha sido así, sin garantías de ningún tipo de que en el futuro no tenga lugar la vil costumbre de confundir los recursos estatales con los individuales propios. En consecuencia, los organismos gubernamentales estatales deberían ser excluidos de tales estructuras pan-nacionales. En cambio, este trabajo debería dejarse en manos de sus donantes y de los benefactores grandes y pequeños, entre los cuales, naturalmente, no son pocos los que conocen de estos menesteres, personas honestas y dedicadas, a quienes se puede confiar todo el trabajo de organizar las colectas y de auditar los recursos.

Sólo en este caso se podrá restablecer gradualmente la confianza en el Himnadram, así como multiplicar los escasos recursos colectados hasta la fecha, productivizando eficazmente los importantes proyectos panarmenios.

Ello no ocurrirá inmediatamente, tomará tiempo, y no sólo eso.

 

Editorial de AZG

por Hakob Avetikyan



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