Hoy, un exquisito plato a base de hongos, y de un trigo que no es tal.

am es
patrastoum-enq-hnkacavarov-e-snkov-outest

Alguien sugirió alguna vez que a las cosas hay que llamarlas “Al pan, pan, y al vino, vino”. Seguramente, se estarán preguntando si se trata de una broma. Por supuesto que no. Resulta ser, que existen muchos alimentos de origen vegetal que ostentan nombres artificiosos que evocan frutos, hojas o semillas de plantas reconocidas, muchas veces escondiendo un propósito comercial. Tal es el caso del “Poroto Mung”, que en realidad se trata de granos de soja de descarte por poseer una mancha causada por un virus inofensivo para los humanos, siendo más pequeño que los granos de soja normales. O el caso de los pintorescos “Papines copetín”, que de hecho son papas, pero minúsculas por estar también infectadas de otro virus específico de esta especie. Otro ejemplo interesante es el de la quínoa, durante largo tiempo llamada “Trigo de los pobres” en los países andinos; aunque hoy ostenta el título de “Grano de oro”, por sus extraordinarias cualidades nutritivas y gastronómicas, que lo hacen el “cereal” más codiciado del momento.

Hoy, les ofrecemos un plato hecho a base de un grano muy valorado en la nueva cocina, que si bien se lo conoce como “Trigo sarraceno”, no es un cereal en sentido estricto, pero que se destaca por sus múltiples ventajas. En resumen, sus cualidades más destacadas son: su proteína es completa y de alto valor biológico, no contiene gluten, es muy rico en fibras, tiene propiedades antiinflamatorias y antibacterianas. Por otra parte, resulta relevante destacar su contenido en un antioxidante llamado rutina, que es un flavonoide con altas propiedades beneficiosas como la antiinflamatoria y que también ayuda a combatir alergias, infecciones bacterianas, previene enfermedades cardiovasculares y fluidifica la sangre. El trigo sarraceno es también muy rico en vitaminas y minerales. A nivel nutricional podemos considerarlo abundoso en vitaminas como la E, B1, B2, B6 y B9, y minerales como el potasio, fósforo, calcio, azufre, zinc y selenio. Además, podemos destacar su contenido en ácidos grasos esenciales como el omega 6. ¿Lo preparamos?

 

Ingredientes:

Hongos frescos - 500 g (pueden ser Champiñones, Gírgolas, Portobellos, Shiitakes, Boletus, etc)

Cebolla - 2 unidades

Zanahoria - 1

Aceite de oliva - 1 cuch. sopera

Trigo sarraceno - 250 g

Arándanos rojos

Pimienta negra

Sal

 

Método de preparación:

Ante todo, lave el trigo sarraceno (en caso de ser a granel) en abundante agua y cuélelo. Luego colóquelo en una olla amplia, donde le agregará abundante agua hirviente hasta sobrepasar un poco el nivel de los granos. Ponga la olla a calentar a fuego mínimo, hirviendo durante unos 20 minutos. Hay empresas que comercializan el trigo sarraceno limpio y en bolsitas cribadas, listas para echar al agua hirviendo; en este caso, para cocinarlo obre de igual forma.

Mientras se cocina el trigo sarraceno, pele las cebollas y las zanahorias. Corte las primeras en gajos y póngalas a rehogar en una sartén con el aceite de oliva durante 1 minuto. Simultáneamente, ralle la zanahoria e incorpórela a la cebolla, friendo durante 2 o 3 minutos más.

Luego lave los hongos y córtelos en trozos chicos, que deberá poner junto a la cebolla y la zanahoria, rehogando todo durante 5 minutos más, revolviendo periódicamente.

Al servir, coloque la porción correspondiente de trigo sarraceno en el plato, luego agregue los hongos rehogados con cebolla y zanahoria, eche sal (si es hipertenso, no lo aconsejamos), pimienta, y finalmente un puñadito de arándanos.

Les recordamos que pueden dejar sus propias recetas, comentarios y sugerencias aquí: https://www.facebook.com/HayDzaynES/, los cuales serán muy bienvenidos.

Noticias

Noticias similares